Me estoy evaporando lentamente y me convierto en fantasma, en uno de esos que no espantan, que no sufren: uno de esos que por placer vagan, sus pies helados rozan texturas que no sienten y las telas ondulan frente a la ceguera de los vivos. Me vuelvo sombra que se pega a la inercia de las rutinas ajenas y que se esconde en los objetos inertes. Me vuelvo ausencia. Me pinto el cuerpo y los ojos de gris: me vuelvo piedra.
Me vuelvo todas esas cosas que no tocas, no sientes, que ahí están y no te importan: me vuelvo ese todo que te sabe a nada...
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