miércoles, 30 de marzo de 2011

Soliloquio

Vete... ¡Vete!
¿No entiendes, pues, que te quise de veras?
¿No entiendes que me duele olerte?
Por suerte la ausencia se acaba.
Pero mis latidos no terminan
ni este mal humor espontáneo,
ni tu sabor se me escapa... ¡Vete!
Hazte pequeño, silencioso, hazte fantasma... que me duele...
Me duele que cada día te sigas yendo y nunca termines de irte.

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